Pánico
La castaña lloraba sin cesar ante el cadáver que tenía a escasos metros de ella, aunque ese hombre no tenía nada que ver con ella, el simple hecho de haberlo visto un par de veces desde que llegó le carcomieron la cordura. Solo así había pasado de guiarla a su habitación a estar muerto ante sus ojos. Eran tantas las emociones que sentía que no pudo evitar vomitar lo poco que había comido durante la nefasta cena.
Luego de que Moscú se fuera pasaron un par de minutos cuando unos subordinad