En el corazón del complejo de Alfa, la base operativa de la organización, los pasillos metálicos y las salas iluminadas por luces frías y calculadoras estaban impregnados de una atmósfera de implacable control. Samuel caminaba por uno de estos pasillos, su paso resonante y firme, con la postura que evocaba fuerza y obediencia. Su rostro estaba inexpresivo, como el de un verdadero soldado sin alma, precisamente lo que Alfa esperaba de él.
Apenas unas semanas atrás, Alfa había activado, por accid