Samuel miraba al techo, sintiendo cómo sus pensamientos se entrelazaban en un torbellino de dudas y miedos. A pesar de estar físicamente libre, la sombra de su pasado lo perseguía como un espectro. La idea de su familia, especialmente de su padre, lo llenaba de inquietud. Sabía que su familia no era del tipo que se quedaba quieta ante una amenaza; eran cazadores, no presas.
—¿Qué pasa, cariño? ¿Te sientes mal? —Preguntó Gabriel, notando la expresión distante en el rostro del ojiverde.
—No puedo