Alice corrió hacia la que había sido su habitación en la mansión y comenzó a empacar, absorta por la impotencia y ciega por la vergüenza, comenzó a empacar todas sus pertenencias, sin dejar nada olvidado. Al cabo de media hora, la castaña había empacado todas sus cosas, con excepción del vestido, zapatos y accesorios que había pagado Dalton para que ella usara en el evento de la noche anterior, ella no quería tener nada que viniera de él; ni siquiera quería volver a verlo, simplemente quería sa