Esta chica puede volverme loco de un minuto a otro, sus besos eran el mejor manjar que mis labios podían probar en este mundo.
Cuando cruzó sus piernas sobre mi, mi corazón golpeaba con fuerza mi pecho, de verla tan exquisitamente sexy sentada en mi regazo… su mirada juguetona era un regalo de los dioses, jamás la había visto así de provocativa y eso me hacía muy feliz.
Mi cuerpo reaccionó a sus seductoras caricias y volvi a reclamarla unicamente para mi… me encantaba sus gemidos de placer y