Capítulo 42: Un invitado inesperado.
Estrella se dio la vuelta y comenzó a ascender por la gran escalinata, y cada peldaño ampliaba el abismo que la separaba de Jericó.
Se negaba a mirar hacia atrás, pero podía sentir su mirada, pesada y persistente, como un roce físico en su columna vertebral.
—Estrella... no me importa morir si con eso vivo, aunque sea un solo día contigo, que vivir por décadas sin ti.
La voz de Jericó era una suave súplica que se perdía en la inmensidad de la sala.
—Guarda tu aliento —susurró más para sí mi