Capítulo 15. No he empezado con ellos.
Meses después
El horizonte se alzaba, un lienzo infinito de tierras fértiles que se extendían más allá de lo que la vista alcanzaba. Yara, con su vientre abultado como el bulto de semillas que promete vida, se paró firme frente la gran extensión de terreno de su ambicioso proyecto, más de trescientas mil hectáreas.
La brisa le acariciaba su cabello, susurrándole dudas y advertencias de aquellos que no compartían su visión.
—Es una locura, Yara —dijo uno de los ancianos del consejo, su voz car