...
Un mes había pasado, un mes en el que nunca me llamo, ni me mandó un mensaje o algo que me hiciera pensar que aún se acordaba de mí, yo tampoco lo hice. Me sentía apagada, sin ánimos, mis amigas me contaban lo felices que eran con sus parejas, visitaba a menudo a Fiorella involucrándome en el negocio.
A unos días de terminar el curso, llegué a casa temprano y vi a mi padre pensativo, su ánimo era igual que él mío.
-¿En qué piensas padre?
-En lo afortunado que soy y en lo feliz que me hace