CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE
~Monique~
La explosión resonó en mis oídos mucho antes de llegar al patio.
La gente gritaba. Los guardias corrían en todas direcciones. Una densa humareda se elevaba hacia el cielo, oscura y densa, bloqueando el sol.
Mis pasos se ralentizaron en cuanto lo vi.
El coche había desaparecido.
O lo que quedaba de él.
El vehículo del Alfa no era más que metal retorcido y ceniza. La mitad delantera había volado por completo. Las puertas estaban destrozadas, colgando en ángulos