CAPÍTULO CUARENTA Y CINCO
~Monique~
Sus labios eran ásperos, exigentes, robándome la respiración más por sorpresa que por deseo.
Por medio segundo, mi cuerpo se paralizó, no porque lo deseara, sino porque su audacia me aturdió.
Entonces el instinto me obligó a hacerlo.
Lo empujé con fuerza, la palma de mi mano impactándole en el pecho. Retrocedió un paso, la sorpresa se reflejó en su rostro antes de que la rabia la reemplazara.
"No", le advertí, con la voz temblorosa por la furia contenida. "No