53. ATENTADO
Miro el mensaje con pánico e inmediatamente llamo a Alexander. El teléfono suena insistentemente, pero no contesta, así que ahora llamo a Roberto y pasa exactamente lo mismo. Llevo como diez minutos pegada a este aparato y todo se torna una realidad en mi mente. No me atrevo a decirle nada al abuelo, no quiero alterarlo, así que le pido a mis escoltas que me lleven urgente hasta la empresa, pero en el camino me acuerdo de Sebastián.
Me regaño mentalmente al recordar que nunca pedí su número, así