Capitulo 190. Ofrendas de paz.
La claridad tibia de la primera mañana se filtraba suavemente por los ventanales de la habitación, bañando las sábanas en tonos dorados. Seiya vestía uno de sus kimonos de seda, deliberadamente holgado y a medio abrir sobre el pecho en un intento tan sensual como cuidadoso por llamar la atención de su esposo.
Se subió a la cama con un movimiento felino y sigiloso, deslizándose sobre el colchón hasta alcanzar el cuerpo del alfa, que aún dormía con el ceño marcadamente fruncido. Acomodó la figura