—Buenos días, Silvia —la voz de Marcos resuena en alguna parte de la habitación. No puedo verlo porque aún tengo mis ojos cerrados, aún tengo un poco de sueño. —Vamos, despierta.
Me removí en la cama mientras ponía la almohada en mi cara.
—Recuerda que tenemos que salir —insistió. Me restregué los ojos y lo miré, estaba sentado en el borde de mi cama. Su cabello estaba despeinado dándole un aire súper tierno a Marcos, eso hizo que mi corazón diera un vuelco y ni siquiera sabía por qué.
Me se