—¿Quieres un poco de café? —preguntó Magda.
—Si, por favor —respondí, mientras me acomodaba en una silla que estaba en la sala.
Marcos estaba en el sofá acostado, parecía cómodo; después de todo era su casa.
—No tienes idea de cómo he sufrido desde que Marcos nos dejó, Silvia, tuvimos que tratar con cautela este tema con los medios y su papá también tuvo problemas con la empresa, el hecho de que él muriera nos había dejado mal posicionados en el negocio e incluso su padre estuvo cerca de ser