Le doy media sonrisa y salgo de la cocina para ir al patio del castillo, encontrándome a Calim entrenando con un maniquí.
—Hey —lo saludo.
—¿Viniste a aprender?
—Me vendría bien, lo que aprenda vale por dos —sostengo mi vientre.
Tengo que enseñarle muchas cosas a él o a ella antes de nacer, los hombres lobos somos educados en el vientre y aunque no nacemos hablando, pero si adoptamos las costumbres.
—¿Ya has pensado el algún nombre? —me pregunta al detenerse.
Me mira y se seca un poco el