—Definitivamente yo, no voy a salir así. —miro con recelo mi reflejo en el espejo.
—¿Por qué no? Se te mira un muy buen trasero. —Virginia me da una fuerte nalgada que hace que pegue un brinco.
Y es que el vestido que me compró según ella de mi talla es demasiado ceñido y corto, sin mangas, por lo que se ve mi incompleto tatuaje en el hombro.
—¿Cómo no se me va a ver? Si por gracia y obra de Dios, no se me mira el hígado y el páncreas con esta pequeña tela. —hago una mueca.
—No le sigas poni