Mundo de ficçãoIniciar sessãoEra uma vez na Era Medieval, uma jovem princesa chamada Isabel que foge do castelo por temer ser vítima de um ritual de bruxaria. Um cavaleiro e seu escudeiro são convocados para encontrá-la, em reino onde existem aventuras cavaleirescas, sermões da Igreja, cantigas trovadorescas, alquimia e muitos outros mistérios sobre o universo sobrenatural, dos contos de fadas e do folclore. Ela deverá enfrentar um demônio: o da angústia. Inspirada em "Hamlet", pinturas como “A Ilha da Morte” de Arnold Böcklin e “A dama de Shallot” de John William Waterhouse. Embarque nesta viagem e feche os olhos para escutar o canto de uma ninfa...
Ler maisCapítulo 1. La prometida.
—Massimo, debes casarte si no quieres perder el control de la empresa —la voz de Andrés Carusso resonó con dureza en la oficina de cristal. Massimo ni siquiera levantó la vista de los documentos que firmaba. —¿En serio piensas amenazarme con lo único valioso para mí con tal de cumplir tus caprichos seniles? —respondió, dejando la pluma sobre el escritorio con un golpe seco. —¡Quiero un heredero! Y voy a valerme de cualquier medio para que me lo des —enfatizó su padre, golpeando el bastón contra el suelo—. Tienes treinta y dos años. Ya basta de juegos. Massimo suspiró, recostándose en su silla de cuero. Sabía que su padre no estaba bromeando. El viejo Andrés era capaz de vender la empresa a la competencia solo para darle una lección. —Está bien —cedió Massimo con frialdad, como quien cierra un trato aburrido—. Acepto. Escoge a la mujer, pon la fecha y allí estaré. Pero no esperes que juegue al marido enamorado. —Esta noche —sentenció Andrés, ignorando el sarcasmo de su hijo—. En el Restaurante Luxor, a las ocho. He seleccionado a las candidatas de las mejores familias. Tú solo tienes que señalar a la que toleres más. Massimo hizo un gesto de despedida con la mano, echándolo de su oficina. El matrimonio para él no era más que una fusión corporativa; una cláusula molesta en el contrato de su vida. El resto del día fue un infierno administrativo. Apenas su padre salió, su asistente entró pálido. —Señor Carusso, tenemos un problema con el proyecto Tristán. Alguien filtró que se están usando materiales de baja calidad en los cimientos. Massimo se puso de pie, sus ojos Verdes destellando furia. —¿Quién es el responsable? —Aún no lo sabemos con certeza, señor, pero... una de nuestras socias corporativas, la señorita Thompson, fue quien nos alertó del rumor antes de que llegara a la prensa. Ella sugiere una reunión urgente. Massimo frunció el ceño. Thompson. La familia Thompson tenía una constructora rival que llevaba años intentando fusionarse con ellos. Qué conveniente que ella tuviera esa información. —No quiero reuniones —cortó—. Inicien una auditoría interna. Si alguien en compras está robando para meter material barato, quiero su cabeza en una bandeja. Y en cuanto a la señorita Thompson... agradécele el dato, pero mantenla lejos. No me gustan las mujeres que juegan a ser espías. ***** A las ocho en punto, el Bugatti negro de Massimo frenó frente al Restaurante Luxor. Su sola presencia emanaba autoridad; los empleados se tensaron al verlo caminar hacia el área VIP. Su padre lo esperaba en un salón privado con una pared de cristal unidireccional. Al otro lado, en el salón principal, varias mujeres cenaban casualmente, sin saber que eran observadas como ganado en una feria. —Ahí las tienes —dijo Andrés con orgullo—. La crema y nata de la sociedad. Massimo las barrió con la mirada, aburrido. Todas parecían iguales: vestidos caros, risas ensayadas y ojos vacíos. Hasta que su vista se detuvo en la mesa seis. Era una rubia despampanante, de porte regio y mirada afilada. No sonreía como las demás; miraba su teléfono con gesto de aburrimiento, como si el mundo no mereciera su atención. —La de la mesa seis —dijo Massimo sin pensarlo mucho. Andrés sonrió de oreja a oreja. —¡Excelente elección! Es Clara Thompson. La única heredera del imperio constructor. Sabía que su belleza te atraparía. —No es su belleza, padre. Es que parece tan fría como yo. Será un matrimonio práctico. Tráela. Minutos después, Clara entró al privado. Caminaba moviendo las caderas con una elegancia depredadora. Al ver a Massimo, sus ojos brillaron, no de amor, sino de ambición. —Señor Carusso —dijo con voz aterciopelada—, es un placer. Aunque debo decir que su auditoría en el proyecto Tristán está causando mucho ruido. Quizás si fusionamos nuestras empresas, podría ayudarle a... limpiar el desorden. Massimo arqueó una ceja. La mujer era audaz. —Vayamos al grano, señorita Thompson. Mi padre quiere un nieto. Yo quiero el control total de mi empresa. Usted quiere una fusión. Clara sonrió, complacida por la franqueza. —Me gusta cómo piensa. Haremos un gran equipo. Usted pone el apellido, yo pongo el útero y ambos nos quedamos con el poder. Trato hecho. Sellemos ese acuerdo. Clara se inclinó para besarlo en los labios, pero Massimo apartó el rostro con desagrado, y se lo dio en la mejilla. Él tomó una servilleta, y se limpió con asco, viendo la gruesa capa de pintura que había quedado. —Espero que esta sea la última vez. Esto solo es un trato comercial. Nada más, No te olvides. Ella sonrió, pero no dijo nada. Discutieron las condiciones como dos generales trazando un mapa de guerra. El ambiente era gélido, puramente transaccional. En ese momento, la puerta se abrió. Una joven mesonera entró con una bandeja llena de bebidas. Caminaba con cuidado, mirando al suelo con timidez. Desde que Clara la vio, no le cayó bien, le desagradó tanto que le revolvió el estómago. Así que cuando Diana pasó cerca de su silla para servir el vino a Massimo, Clara, con un movimiento rápido y disimulado bajo el mantel, estiró la pierna. El tacón de Clara se enganchó en el tobillo de Diana. —¡Ah! —exclamó la chica. Diana perdió el equilibrio. La bandeja voló de sus manos y ella se precipitó hacia adelante, cayendo pesadamente sobre el regazo de Massimo. El vino tinto bañó la camisa inmaculada del magnate, pero Massimo no se movió para apartarla. Por un segundo, el tiempo se detuvo. Sintió el cuerpo cálido y tembloroso de la joven contra su pecho, y un aroma suave, a flores silvestres y lluvia, invadió sus sentidos, golpeándolo con una intensidad que ninguna mujer en ese salón había logrado provocar.[Meses depois...][O cavaleiro vai até o castelo falar com a rainha]:CAVALEIRO: Vossa Majestade, meses após o pedido de busca, é com grande tristeza que voltamos para informar à sua família que infelizmente não encontramos a princesa.RAINHA: Bem, ela nunca mais voltou para o castelo, agora nossas almas estão em prantos e confusas do que podemos fazer por ela.CAVALEIRO: Enfim, fomos à Floresta Vermelha, mas não encontramos nada. Nenhum vestígio. Procuramos também nos mosteiros, nos prostíbulos, nas igrejas, nas humildes casas do vilarejo, nas redondezas, mas até agora nada.RAINHA: Agradeço seus esforços.CENA XXXII: A LENDA[O cavaleiro, o escudeiro e o alquimista est&
[O cavaleiro e o escudeiro procuram pela princesa num prostíbulo]: CAVALEIRO: Boa tarde, cara dama, estamos aqui para lhe perguntar se por acaso não tem visto a jovem do poder. PROSTITUTA: A princesa? Por que pensariam que ela está aqui? Com tanta riqueza, ela poderia muito bem aproveitar sua suntuosidade ao invés de estar conosco, não acha? O que ela estaria fazendo fora do castelo? A princesa desaparecida Cometeu a loucura de sair do castelo E o que eu tenho a ver com a história desta bela dama cheia de riqueza e poder? Eu bem que às vezes gostaria de estar no lugar para não ter que arcar meu destino com estes homens tão... tão... asquerosos Bem, encantadores é que não vão ser! Nem tudo é um mundo de maravilhas pelas quais sonhamos... Às vezes penso os que meus sonhos foram destruídos... <
[O cavaleiro e o escudeiro estão reunidos na casa do alquimista]: ALQUIMISTA: Vocês sabem, há todos os tipos de mistérios na natureza. E como se ela tivesse vida própria, entra em nossos pensamentos, reergue-nos de nossas fraquezas e preenche-nos com sabedoria, por ser repleta de perfeição... Descobri que desde garoto apreciava as misturas que meu pai fazia com as ervas medicinais e hoje posso dizer que estou fazendo receitas maravilhosas! Uma pena que eu não tenha agradado a rainha até o momento, mas sigo com persistência meus objetivos... CAVALEIRO: Bem, em gostaria de experimentar seus chás de hibisco, talvez minha pele pareça mais jovem, como a de uma donzela mesmo em apuros! Há há! ESCUDEIRO: Só cuidado para não tomar demais e rejuvenescer sua idade mental! [risos]. CAVALEIRO: Ora, pelo menos não teria tantos medos quanto o senhor, meu caro escudeiro!<
[O cavaleiro e o escudeiro dialogam sobre a princesa]: CAVALEIRO: Então é a segunda vez que a princesa desaparece, feito o sol ao entardecer... ESCUDEIRO: Há muitos conflitos, guerras; os vassalos formaram uma rebelião contra seus senhores, pois são impedidos de comer o pão, sentem-se realmente injustiçados porque seu trabalho está sustentando os poderosos e malfeitores que os pagam com míseros soldos e não lhes dão proteção, como a ordem da cavalaria prometia... CAVALEIRO: Caro escudeiro, não sei o que será de nós nos próximos temerosos conflitos. A boca do povo quando se revolta é como a de um dragão que expele fogo pelas ventas! De dentro só sai o furor dos gritos, que no estardalhaço das chamas gera o estopim da guerra! ESCUDEIRO: Bem, creio eu que nosso trabalho foi leve, porque temos longas viagens pela frente e tomara que seja sem qualquer luta! CAVALEIR
[Ao entrar no cemitério da Ilha, a cigana ouve um canto etéreo dentro da sua mente e pensa com o seu outro Eu: “Venha meu conto de fadas, alcance meu Sol”.] CIGANA: Quem está aí? Eu ouço um canto de longe. É suave como o brilho da neve... Pueril como se estivesse dentro de um conto de fadas... Eu amava Francisco... Eu não lembro se ele havia me tocado sem minha permissão... Infelizmente alguns amores são insatisfeitos, ou completamente imperfeitos... Eu vejo o Sol irradiar nas montanhas, como se eu estivesse procurando Deus em algum lugar e eu pudesse ouvir a sua voz eterna dentro de minha consciência... Eu lhes ofereceria a minha memória, talvez amaria mais os meus inimigos... Eu sinto sono e eu preciso de descanso como estivesse no embalo das sombras cintilantes... [...]. Uma vez estava dentro de uma igreja incendiada e as cores eram mesmo assim belíssimas... Eu m
[O alquimista, o cavaleiro, o escudeiro e a cigana vão até a Ilha dos Mortos levando o corpo da profetiza no barco]. ALQUIMISTA: [Remando a barca]. Vamos velar o corpo nessa Ilha onde há o santuário dos mortos... Descanse em paz... Para sempre, minha cara profetisa... No embalo das águas verde-esmeralda com essas ondas transparentes brilhando com o anel de prata da lua cinzenta, tento fechar os olhos e me recordo dos meus amigos do passado... Sinto um medo absurdo aqui dentro, não ouvi vozes de monstros ainda, mas temo naufragar... O que será que há lá? Eles queriam sacrificá-la e deixaram isso impune... Você tentou se defender sozinha, junto com seus próprios erros do passado e tudo que você amava era a vida, os seres vivos. Quem deu razão de lhe prejudicarem dessa forma? Eles não viram a própria voz deles ser morta, apedrejada... Tudo o que eles cobram tanto são indulgências... Mas ninguém pode comprar o
Último capítulo