19.
―Mira, cabrón, lárgate ―le responde el tipo, distrayéndose por completo.
Le meto un rodillazo en la ingle que lo descoloca. Su cuerpo se inclina hacia delante, facilitándome el poder golpear su estómago y tirarlo al suelo.
― ¡No sabes con quién te metiste, pendejo! ―le grito, alejándome.
― ¿Qué haces? ¡Métete ya al carro, Gabriela! ―me ordena Mauricio.
Corro hacia sus brazos y me abre la puerta trasera. El tipo se levanta y se acerca a nosotros, pero Mauricio acelera incluso con su puerta abier