18.
Yo balbuceo algo en respuesta, sintiéndome mareada por la extraña sensación que me recorre el cuerpo. Es molesta como una piquiña y solo hay una forma de desaparecerla, pero me niego a que eso suceda.
―Tal vez, sí. Fue mala idea ―digo, levantándome de inmediato con nerviosismo.
El mareo por las copas de vino me hace tambalear y doy un respingo cuando él me sostiene. Mi espalda choca con su pecho duro y mi cabeza descansa en su hombro, sus manos están en mi cintura, sosteniéndome para no caer.
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