Mundo ficciónIniciar sesiónCarl Srong, CEO da Yeon, uma das maiores empresas de tecnologia do mundo, jamais imaginou que um simples texto pudesse abalar suas certezas. Quando leu as palavras profundas da psicóloga Isabella Cartier, foi como se cada frase tocasse sua alma. Imaginando que tamanha sabedoria só poderia vir de uma mulher mais velha, ele a tratou com distância e respeito, até que, num inesperado encontro de negócios, ele se depara com uma mulher jovem, vibrante e incrivelmente bela. Pela primeira vez, o homem que sempre priorizou o trabalho sente seu mundo virar de cabeça para baixo por um sentimento avassalador. Carl precisa lutar contra seus próprios muros emocionais, aceitando que está irremediavelmente apaixonado. Isabella, por sua vez, enfrenta um dilema: deixar sua vida pacata e segura para mergulhar de cabeça no caótico e fascinante universo de Carl, onde tudo é intensificado pelos holofotes da fama. Este é um romance de tirar o fôlego, com camadas emocionais profundas, onde ambos terão que confrontar seus medos, abrir mão de suas zonas de conforto e descobrir que, para viver o amor verdadeiro, é preciso coragem para mudar.
Leer másEMELY.
—Maestra Emely, ¿los hombres lobo existen de verdad?
Una pequeña risa escapó de mis labios. Me encantaban sus preguntas, su mundo sin límites.
—No, Matías —dije con firmeza, mirándolo directamente—. Los hombres lobo no existen.
Los demás niños se miraron, algunos aliviados, otros un poco decepcionados.
—Son solo cuentos —continué, con una sonrisa amable—. Historias bonitas que nos cuentan para dormir o para soñar. Imagina que son como los dragones o las hadas, ¿ves? Personajes de cuentos.
Explicarles que la fantasía y la realidad eran cosas distintas era una parte esencial de mi trabajo. Quería que su mundo fuera seguro, libre de miedos inventados. Amaba su inocencia, y protegerla era mi prioridad.
Me encantaba mi trabajo; enseñar era mi vocación y los niños eran el centro de mi mundo. Siempre había deseado tener los míos, sentir esa conexión pura y eterna. Pero la realidad era otra.
La junta con los padres de familia se canceló a último momento por un problema con la calefacción del colegio. Al ver que tenía la tarde libre, decidí pasar por el supermercado. Compré vino, un buen corte de carne y espárragos. Quería sorprender a Arles, mi prometido. Vivíamos juntos desde hacía dos años y, aunque él sabía cuánto anhelaba ser madre, siempre ponía excusas: el trabajo, la economía, el momento "ideal". Arles era un exitoso corredor de bolsa y su prioridad eran los números, no los pañales. Yo aceptaba sus negativas con la esperanza de que, al vernos casados, su corazón finalmente cediera.
Llegué al apartamento con las bolsas pesando en mis manos. Al entrar, el silencio me recibió, pero era un silencio extraño
Dejé las compras sobre la encimera de la cocina y me dispuse a buscarlo.
Entonces, lo escuché.
No era el sonido de la televisión ni de una llamada de negocios. Eran jadeos rítmicos y gemidos ahogados que provenían de nuestra habitación.
Dios, por favor que no sea lo que estoy pensando.
Sentí un frío súbito recorrerme la columna; algo en mi interior se agrietó antes de que mis ojos pudieran confirmar la tragedia.
Caminé por el pasillo, con las piernas pesadas como si se hubieran convertido en plomo. Apoyé la mano en el pomo de la puerta y la empujé lentamente.
La escena fue como un golpe seco en el estómago. Allí, en nuestra cama, sobre las sábanas que yo misma había lavado esa mañana, estaba Arles. No estaba solo. Se movía con frenesí sobre el cuerpo de otra mujer, una desconocida que se aferraba a su espalda con uñas pintadas de rojo.
Él no se detuvo de inmediato, no hasta que el sonido de mi respiración entrecortada lo obligó a girar la cabeza. En sus ojos no vi arrepentimiento, solo la sorpresa de haber sido atrapado antes de tiempo. En ese instante, el futuro que había construido en mi cabeza se desmoronó por completo.
El aire se me escapó de los pulmones. Me quedé allí, de pie, viendo cómo el hombre que amaba se despegaba de ese cuerpo extraño con una agilidad cobarde. El sonido de la carne chocando todavía resonaba en mis oídos, ensuciándolo todo.
—¡Emely! Espera... ¡no es lo que parece! —soltó Arles mientras se cubría con las sábanas, usando el diálogo más cliché y miserable de la historia.
—¿No es lo que parece? —mi voz salió como un susurro roto—. Te estoy viendo, Arles. Estás en nuestra cama... con ella.
Me di la vuelta, sintiendo una náusea violenta. El corazón me latía tan fuerte que me dolía la garganta. Escuché el movimiento frenético de él intentando ponerse los pantalones mientras yo caminaba a trompicones hacia la salida.
—¡Emely, detente! ¡Hablemos! —gritó, persiguiéndome por el pasillo.
—¿Así que esta es tu mujer? —preguntó ella—. Tenías razón, Arles. Es bastante insípida. No sé cómo aguantaste tanto tiempo con alguien tan... ordinaria.
Me detuve en seco. El dolor se transformó en una furia caliente que me nubló la vista. Me giré hacia Arles, que estaba a solo un metro de mí, con el rostro pálido y el cabello revuelto.
—¿Eso le decías? ¿Que soy insípida mientras yo planeaba una vida contigo? —le espeté.
—Cariño, fue un error, yo estaba bajo mucho estrés por la bolsa y... —intentó acercarse para tocarme el brazo.
¡ZAS!
El sonido de mi palma impactando contra su mejilla retumbó en todo el apartamento. Le volteé la cara con tanta fuerza que su piel se puso roja al instante.
—¡No me vuelvas a tocar, desgraciado! —le grité, y las lágrimas finalmente traicionaron mis ojos—. Me pedías tiempo para tener hijos, me decías que no estábamos listos, ¡pero para esto sí tenías tiempo! ¡Para revolcarte con cualquiera en mi propia cama!
—Emely, no seas dramática, podemos solucionarlo —balbuceó él, recuperando su tono arrogante de corredor de bolsa.
—¿Solucionarlo? —me reí, una risa amarga y desesperada—. No hay nada que solucionar. Quédate con tu amante, quédate con tu vida perfecta de soltero. Yo ya no quiero nada de ti. Ni tu apellido, ni tu tiempo... y mucho menos el hijo que tanto te rogué.
Me di la vuelta para marcharme, pero Arles reaccionó. Me tomó del brazo con fuerza, obligándome a mirarlo. Sus ojos estaban inyectados en sangre, moviéndose con desesperación.
—¡Emely, por favor! —suplicó, y por un segundo su voz tembló—. Te amo, eres la mujer de mi vida. Esto... esto fue un desliz, un error estúpido. ¡Perdóname, te juro por lo que quieras que no volverá a pasar!
Lo miré con asco, tratando de soltarme de su agarre.
—¿Desde cuándo, Arles? —le pregunté con un hilo de voz—. ¡Dime desde cuándo me ves la cara de estúpida!
—¡Es la primera vez! ¡Te lo juro! —exclamó él, tratando de sonar convincente—. Fue el estrés de la oficina, ella no significa nada... Pero, ¿qué haces aquí? Se supone que tenías junta con los padres de familia hasta tarde. No debías llegar ahora.
Su cinismo me dio ganas de vomitar. Ni siquiera se sentía mal por el hecho, sino porque lo habían descubierto. Antes de que yo pudiera responder, una risotada seca llegó desde la habitación.
La mujer, que ahora se limaba una uña con total indiferencia mientras seguía envuelta en mi bata, soltó un bufido de burla.
—Ay, Arles, no seas mentiroso—dijo ella, caminando hacia nosotros con paso lento y triunfal—. ¿La primera vez? Por favor... Llevamos meses revolcándonos en esta misma cama cada vez que tu "insípida" mujer se va a cuidar mocosos al colegio.
No lo podía creer, y mis oídos sangraron con sus palabras. Miré a Arles y vi cómo el color desaparecía de su rostro. Sus dedos flaquearon sobre mi brazo.
—¿Meses? —susurré, sintiendo que el corazón se me terminaba de pulverizar—. Mientras yo te esperaba con la cena, mientras yo te pedía formar una familia... ¿tú estabas con ella aquí mismo?
—No solo eso—la mujer se tocó el estómago—estoy esperando un hijo de él.
La realidad y mi mundo colapsaron en ese instante,
—¡Cállate ya! —le gritó Arles a la mujer, pero el daño estaba hecho.
La amante, que seguía apoyada en el marco de la puerta, soltó una risita burlona mientras me miraba de arriba abajo, y yo apenas procesaba el que la embarazo a ella y no a mi.
—Emely..
Le propiné otra bofetada a Arles, esta vez con tanta rabia que mis nudillos dolieron. La marca de mis dedos quedó grabada en su mejilla, pero no era nada comparado con el tajo que él le había hecho a mi alma.
—Eres un desgraciado —le dije, mi voz ahora era fría como el hielo, una calma que me asustaba a mí misma—. No solo me engañaste, me robaste tiempo. Me hiciste creer que el problema era que "no estábamos listos", cuando el único problema es que tú no vales nada. Me hiciste dudar de mi deseo de ser madre para que pudieras seguir revolcándote con esta mujer.
—¡Emely, espera! ¡No te vayas así! —Arles intentó bloquearme el paso, pero sus manos temblaban.
—No te molestes en buscarme —le espeté, empujándolo con todas mis fuerzas—. Mañana vendré por mis cosas cuando no estés. Y Arles... espero que ella te dé toda la "diversión" que necesitas, porque acabas de perder a la única persona que realmente te amaba.
Salí del apartamento y el eco del portazo fue el punto final de mis años de entrega. Bajé las escaleras casi sin ver, con el pecho ardiendo. Mientras caminaba por la acera, sola y bajo la luz de las farolas, la rabia empezó a transformarse en una determinación de hierro.
Él no me iba a quitar mi sueño. Si Arles no quería ser padre, yo no lo necesitaba a él para ser madre. Mañana mismo buscaría la forma de cumplir mi deseo, lejos de su sombra y de sus mentiras.
Três anos se passaram desde o primeiro aniversário de Benjamin, e a vida de Carl e Isabella continuava a florescer em todos os aspectos. Isabella, agora grávida de uma menina, sentia-se radiante e em paz, completando um ciclo que jamais imaginou vivenciar. Benjamin, com sua vivacidade e charme, era o reflexo exato do pai, não apenas na aparência, mas também no interesse precoce pela empresa que tanto transformou suas vidas. Desde pequeno, ele já demonstrava uma curiosidade aguçada pela Yeon, brincando de organizar reuniões imaginárias e repetindo palavras que ouvia Carl dizer em casa. Carl se orgulhava de Benjamin e voltava a sentir esperança de que um dia algum de seus filhos assumiria a presidência da Yeon.João, agora com nove anos, mantinha um interesse profundo por tudo que era vivo. Ele observava os pássaros, seus cantos, a natureza e os animais com uma paixão genuína, já afirmando com convicção que se tornaria médico veterinário. Carl, emocionado, dizia que toda vez que via Joã
A cerimônia de entrega do prêmio finalmente chegou. O evento era grandioso, com repórteres de todos os cantos do mundo. Carl estava mais elegante do que nunca, vestindo um terno impecável. Ao seu lado, Isabella brilhava com sua simplicidade e graça, uma combinação perfeita de beleza e sofisticação que encantava a todos.O salão estava lotado. Na primeira fila, a equipe de Carl, junto com Isabella, Marie, Emma, e os pais de Isabella, assistiam com expectativa. Quando o apresentador chamou o nome de Carl, sua voz reverberou pelo salão com entusiasmo:"Este prêmio vai para o majestoso Carl Strong, o homem que, além de revolucionar a tecnologia, fez com que ela chegasse aos menos abastados. Carl, o seu projeto ‘Conectar a Todos’ é um marco em inovação e inclusão. Hoje, o prêmio ‘Star Technology’ é merecidamente seu!"Carl subiu ao palco com aplausos incessantes que ecoaram por mais de um minuto. Flashs constantes capturando cada ângulo de sua expressão. Quando Carl se aproximou do microfo
Após a cerimônia de casamento, Carl e Isabella posam para os fotógrafos. O responsável pelas fotos era o fotógrafo oficial da Yeon, que capturou momentos lindos do casal. Carl já planejava escolher algumas dessas fotos para enviar ao The Guardian e anunciar oficialmente seu casamento com Isabella. No entanto, o fotógrafo já sabia qual imagem o casal escolheria: a foto do olhar cúmplice entre eles, que, na opinião dele, era a mais poderosa de todas.Os pais de Isabella estavam radiantes, e Emma também não conseguia conter a emoção. A felicidade era visível nos rostos de todos.Durante a festa, Heitor se aproxima de Mia e comenta, encantado com o trabalho dela: — "Que decoração espetacular, Mia. Quanta delicadeza em cada detalhe." Ele beija a mão dela, e Mia se derrete pelo gesto cavalheiresco. Seu sorriso entrega o impacto que as palavras de Heitor tiveram.Do outro lado da festa, Paul olha nos olhos de Hannah e murmura: — "Um dia seremos nós." Hannah sorri, seus olhos brilhando de
Na manhã seguinte, Carl chegou à Yeon e, ao abrir seus e-mails, foi surpreendido pela mensagem confirmando o prêmio que receberia em breve. Havia uma solicitação para alterar a data da cerimônia de entrega, e ele achou a mudança perfeita. Estava ansioso para focar no casamento e imaginava como seria especial usar a ocasião do prêmio para apresentar Isabella oficialmente ao mundo.Quando terminou de ler o e-mail, ouviu uma batida leve na porta. Ao abri-la, deparou-se com Victor e August, os filhos de René, ambos irradiando entusiasmo. August já conhecia bem a Yeon, mas para Victor era apenas a segunda vez explorando todos os departamentos. Carl notou algo diferente em René, que parecia mais alto astral do que o normal. Ria de tudo, até das paredes, e falava com uma animação quase infantil.— E esse sorriso, René? É só por causa das crianças? — Carl provocou, com um sorriso malicioso.René respondeu com um brilho nos olhos.— Não, Carl... é por causa da Lisa. Estamos nos acertando.Carl
Após desembarcar em Landscape, Isabella caminhou em direção ao carro, onde Carl a aguardava ansiosamente. Assim que a viu no estacionamento, o coração dele acelerou, batendo descompassado. Ele sabia que aquela mudança não era apenas uma simples transição; era o marco de uma nova vida, uma vida que ele já havia perdido a esperança de reconstruir, até aquele momento.Quando seus olhares se cruzaram, Carl não resistiu. Ele a abraçou com tanta intensidade que Isabella quase perdeu o fôlego. O afeto transbordava, como se ele quisesse que ela sentisse o quanto a havia esperado. Benedict, ao perceber o momento, pigarreou, chamando atenção para João, que observava tudo com curiosidade. Carl riu, afastando-se um pouco, ajoelhando-se na frente do menino:— "Amanhã vou te levar para conhecer meu trabalho, o que acha?"— "Eu quero sim!" respondeu João, animado.Com sorrisos trocados, eles entraram no carro. Durante o caminho, Carl lançou um olhar afetuoso para Isabella e comentou:— "Assim que Jo
Quinze dias se passaram e Lisa desembarca no aeroporto de Landscape, junto com seu filho Victor. René estava lá, esperando por eles pessoalmente. Quando os viu em sua cidade natal, seu coração disparou e ele não conseguiu segurar as lágrimas. Aquele momento representava tanto na vida dele; ele tinha esperança de que, um dia, ainda formariam uma família completa.Ao longe, ao vê-lo emocionado, Lisa também se comoveu. Ela sabia que voltar para Landscape era como se estivesse abrindo a guarda para uma possibilidade. Mas havia tantos medos dentro dela, que não pretendia facilitar as coisas para René. Antes de mais nada, ela queria recuperar a confiança nele.Victor, ao ver o pai, correu e pulou em seu colo, radiante. Sempre sonhara em correr para os braços de um pai, e aquele momento para ele era sublime.René, ainda segurando Victor, aproximou-se de Lisa. Olhou-a com um misto de paixão e vulnerabilidade, e beijou seu rosto demoradamente. Em seguida, murmurou em seu ouvido, com a voz emba





Último capítulo