Yune y Zamora recibieron la notificación de Estrella y llegaron justo a tiempo.
De pie frente a Estrella y Rosalía, protegiéndolas a ambas.
Al ver que estaban bien, Yune suspiró muy aliviada.
Yune reprendió a Abelardo, que yacía en el suelo, —Tío, ya eres bastante mayor, ¿cómo puedes hacer algo así? ¿No sientes vergüenza de esto?
Abelardo yacía en el suelo sin poder moverse, incapaz de responder a Yune, quien continuó regañándolo por un largo tiempo.
Después de un rato, Abelardo recuperó la