Estrella había pasado mucho tiempo sin disfrutar de una comida de mariscos a la parrilla, y esta vez se había dado todo un festín, quedando tan llena como un barril.
Claus tomó la mano de Estrella y salieron a dar un paseo.
La vista fuera del restaurante era hermosa, con luces naranjas decorando los árboles, creando una atmósfera mágica y acogedora.
Estrella y Claus caminaron bajo la luz de las farolas, sus dedos entrelazados, deseando que el camino pudiera extenderse para toda la vida.
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