Estrella solo lo miró por un breve momento. Luego bajó la cabeza y siguió con la crema. No estaba entusiasmada, como si la comida sobre la mesa le resultara más atractiva que el cheque.
—Cincuenta millones. ¿Realmente valgo solo cincuenta millones? —Se rio.
Javier miró de reojo a Estrella mientras la escuchaba. Si se tratara de cualquier otra persona, pensó para sí, 50 millones de dólares sería un precio exorbitante, pero ella lo despreciaba.
Este no era en absoluto el tipo de temperamento que