Yael llamó personalmente a Claus para informarle sobre la situación. Al principio, Claus no lo creyó y preguntó:
—Señor, ¿puedo confiar en lo que me está diciendo?
—Claro, señor Burgos. Ahora colaboramos como socios y no tengo motivo para engañarte. Además, tienes sus propias fuentes de información, puede verificarlo por sí mismo —respondió Yael simplemente.
Sabía que el resultado de su propia investigación sería más confiable que sus palabras. Claus debía entender tenía intención de engañarlo.