Yael estaba preocupado de que Héctor pudiera distraer a Estrella, así que se lo llevó al pasillo. Héctor, juguetón, levantó el mentón de Yael.
—¿No me has extrañado? —preguntó.
Yael apartó la mano de Héctor y respondió:
—No.
—No es que no te extrañe —continuó Héctor. Se había sentado en una silla en el pasillo con las piernas cruzadas, decidido a ignorar a Yael.
Observando a Héctor, Yael se sintió de repente un poco cansado y le preguntó:
—¿Has comido algo?
—No —respondió Héctor sin mucho á