Rápidamente, la secretaria trajo a Walter.
Walter entró en el despacho y miró a Claus. En su actitud no se apreciaba el más mínimo respeto. Era como si la persona que tenía delante no fuera más que un insignificante ser humano.
Como si hubiera entrado en su propia casa, se sentó en el sofá sin preocuparse por lo demás.
—Vaya, vaya, que inusual ver al señor Burgos venir a esta pequeña sucursal. ¿Que lo trae por aquí? —Tenía una actitud completamente perezosa, en su comportamiento y en su tono.