Después de que Estrella se fue, y tras los comentarios de sus padres, Enzo se encerró en su habitación. Cerró la puerta con enfado.
La señora Pérez y el señor Pérez seguían sentados en el sofá, tomando su té con elegancia, sin moverse. Conocían muy bien a su propio hijo. Solo era un niño con mal genio. El enfado se le pasaría en un rato.
El señor Pérez dio un sorbo a su café, disfrutando de su aroma en sus labios y suspiró.
—El sabor es realmente bueno.
—Si te gusta, te traeré más la próxima ve