Aunque Claus negó lo que había dicho Javier, de camino hacia la compañía su gesto se mantuvo tan oscuro como la tinta. Incluso Javier, que iba a su lado, no se atrevía a respirar.
Cuando pasaron por la cabina de seguridad, Claus vio que el personal estaba mirando el móvil. Inmediatamente, le dirigió al guardia con frialdad:
—¿Juegas al móvil durante tu turno? ¿Se te han olvidado las reglas del Grupo Burgos? ¡No recibirás el premio de asistencia perfecta de este mes!
Al escucharle, el guardia de