Al mediodía, Estrella se dirigió a la enfermería como de costumbre para descansar. Cada vez que iba allí, Héctor le preparaba algo para comer. Solían ser platos que Estrella disfrutaba y solía comer en abundancia. Sin embargo, ese día solo les echó un vistazo y luego se tumbó en la cama.
Héctor estaba perplejo.
—Jefa, ¿no tienes hambre? Debes comer algo, no es bueno para tu salud si no lo haces. ¿O es que no te gusta esta comida?
—Ya comí —respondió Estrella, cansada de escuchar a Héctor hablar