Estrella sonrió entre dientes y, con un tono de consuelo infantil, le dijo a Claus: —Descansa muy bien. Ya es muy tarde ahora, y mañana tienes que levantarte temprano. Querido Claus, ¿has olvidado que todavía tienes que trabajar?
Claus no le dio importancia y dijo con orgullo: —Soy el jefe. Puedo ir a trabajar cuando quiera. Tú eres para mí lo más importante.
Cada palabra que decía Claus no se apartaba de Estrella, acelerando rápidamente su corazón. En realidad, Claus era mejor cuando estaba sie