El abuelo Andrés, vestido con su uniforme de prisión, se volvió tan abatido después de recibir una llamada telefónica.
Aún murmuraba frenéticamente para sí mismo: —Esto es el fin, completamente el fin.
El abuelo Andrían no tenía idea de lo que estaba sucediendo. Se acercó y le dio palmaditas en el hombro al abuelo Andrés, diciendo: —Hermano mayor, ¿qué pasa?
Al escuchar la voz del abuelo Andrían, el abuelo Andrés se sobresaltó, agarrando fuertemente la mano del abuelo Andrían como si acabara de