Siguiendo el rastro, perdí a Paula. Pero enseguida, encontré un lugar oculto y le informé la situación a Estrella.
La voz apenada del subordinado resonó al otro lado del teléfono—Lo siento, no lo hice tan bien como se esperaba de mí.
—Esta vez, olvídalo. Presta más atención la próxima vez—Estrella no culpó a su subordinado.
—Gracias, jefa—El subordinado no escuchó el regaño de Estrella y también se sintió aliviado.
Después de colgar el teléfono, Estrella se sentó en el sofá, reflexionando. E