Preparo mi mejor cara de póker, porque no pienso enviarle ninguna señal; abro la puerta y lo enfrento, sintiendo mi corazón acelerado y una fuerte opresión en el pecho. La presencia de Nathan es imponente, me deja absorta y fascinada. Es su mirada, es su fragancia, es esa inexplicable conexión que hay entre los dos, como un hilo invisible que nos une. Pero me niego a dejarle saber que tiene ese poder sobre mí y reacciono en consecuencia.
—¿Cómo me encontraste? —pregunto arisca.
—Tocando mucha