ELISE
—¿Puedes creerlo? — cuestiono incrédula
—¿Y qué esperabas, que se quedará como bobo hasta que te dé la gana de estar con él — ruedo los ojos
—No, claro que no— carraspeo — Solo que no esperé, que después de casi haber follado, se largara con otra como si nada —
—Niña, tu empezaste —
—Yo no empecé nada — digo
—¿Cómo no? — miro a otro lado — Lo besaste y te le restregaste, tu lo calentaste Elise —
—Ay ya, yo no le puse un arma en la cabeza para que me besara. Pero a él no le importó