Felipe
Abrí la puerta y el mundo exterior simplemente desapareció.
Me pareció que me faltaba el aire por un instante. Respiré hondo, recuperé la postura, pero no pude contener la sonrisa que brotó en mi rostro. Me entregué a esa sensación, absorbiendo la intensidad de aquel sentimiento abrumador.
Ella estaba allí de pie, vestida de una forma que equilibraba la elegancia con una sencillez desarmante. Sus ojos se encontraron con los míos, y esa sonrisa —la que ella reservaba para mí— floreció, ha