Felipe
Días después…
El tintineo del cristal contra el mármol de la encimera parecía absurdamente alto en el silencio de mi apartamento. Nunca fui un hombre de sentirme intimidado, ya fuera en reuniones de directorio o ante multitudes, pero allí en mi cocina, preparando una cena romántica mientras esperaba a que llegara Kamila, mis manos insistían en mantener un leve temblor.
La expectativa recorría mis venas como una descarga de adrenalina hace mucho tiempo contenida. Respiré hondo, intentando