Mundo ficciónIniciar sesiónEl ambiente se volvió tan tenso alrededor de ellos que podía sentirse la electricidad fluir. Mina se aproximó para hacer la presentación correspondiente y darle las últimas indicaciones.
—¡Hola, chicos! —saludó con voz cantarina— Se dirigirán a la cabaña en el jeep, el lugar está equipado con todo lo necesario para que pasen siete días en paz dedicados solo a sus charlas. Si necesitan algo adicional pueden llamarnos, en el papel del reglamento están los números de atención según el caso. Si el asunto es urgente pueden llegarse hasta la casa principal de la granja, pero cuando vayan recuerden avisarle a los vigilantes. No queremos que nadie reciba una bala en la cabeza por error —expuso la mujer antes de emitir una risa sonora y tonta.
Alyssa abrió los ojos en toda su extensión, algo asustada.
—Debe existir respeto entre ambos —agregó Mina, ahora muy seria, y miró a los ojos a la clienta—. Si consideras la convivencia incómoda con tu terapeuta y hay quejas o insatisfacciones por el servicio, te comunicas enseguida conmigo para resolver el inconveniente. Garred estudió psicología y ha trabajado como terapeuta de pareja en otros campamentos, conoce bien el tema que quieres abordar.
Ella apretó el ceño, confusa. ¿Mike había estudiado psicología?
En la universidad él estudió mecánica automotriz, no sabía que luego se había especializado en eso. Desde hacía tres años no sabía nada de él.
Lo miró notándolo esquivo y molesto, como si odiara estar allí.
Mina le entregó a la chica una caja con los insumos requeridos según el tipo de taller que había solicitado y los animó a ambos a marcharse para que pudiesen iniciar sus clases.
Ella siguió a Mike en silencio, un poco inquieta.
¿Iba a pasar siete días encerrada en una cabaña con su exnovio?
Todos sus planes cayeron al suelo. Era imposible que le pidiera a Mike que la ayudara a perder la virginidad porque por ese asunto él la había abandonado en la universidad.
Cuando intentaron tocarse más allá de lo permitido, Alyssa entró en pánico y se alejó al recordar al abusador que quiso aprovecharse de ella de niña. Eso resultó desagradable para él, lo consideró una ofensa.
Al día siguiente se enteró que Mike le había comentado a sus amigos lo ocurrido burlándose de ella por ser tan sosa.
Sufrió mucho su rechazo, porque lo había amado de verdad. Por eso ahora le resultaría imposible hablarle sobre ese tema.
Subieron al jeep y enseguida se pusieron en marcha hacia la cabaña atravesando un bosque poblado de pinos y maleza.
—Intentemos llevar este asunto en paz, ¿es posible? —pidió él manteniendo su cara endurecida en la vía.
Alyssa aprovechó su distracción para observarlo con detalle. Mike seguía siendo atractivo, de cuerpo ejercitado y postura desafiante. Recordó que había practicado boxeo en la universidad siendo uno de los mejores. Eso le daba un aire pendenciero e intimidante que resultaba atrayente.
—¿Desde cuándo eres un prostituto?
La pregunta de ella aumentó su enfado.
—No soy un prostituto.
—Entonces, ¿qué haces aquí?
—Seré tu terapeuta sexual, ¿lo recuerdas? Tú me contrataste.
Ella se sonrojó por ese recordatorio. La vergüenza la atormentó tanto que tuvo ganas de abrir la puerta y saltar del vehículo en movimiento para salir corriendo de aquel lugar, donde nadie la conociera.
—No sabía que trabajabas aquí y serías mi terapeuta asignado.
—¿Estás arrepentida?
Alyssa no respondió a esa pregunta. No sabía qué decirle para no lastimarle el ego.
Claro que estaba arrepentida. No podía creer que terminaría en aquel lugar con una de las personas que se había burlado de ella en el pasado por el defecto que justo en ese campamento pretendía quitarse.
—Estoy sorprendida, es todo —fue lo único que se le ocurrió decir como justificación.
—Yo también lo estoy. Nunca pensé encontrarte aquí. Ni a ti ni a ningún otro conocido.
—¿Estás arrepentido? —consultó dolida y usando una voz irónica.
¿Acaso Mike la rechazaría de nuevo al considerarla una tonta por tener que contratar a un especialista para perder la virginidad, ya que era incapaz de hacerlo con otro hombre?
—Estoy sorprendido, es todo —se explicó él, usando las mismas palabras que ella había utilizado para describir lo que sentía, aunque sabiendo que aquello no era suficiente.
Sintió una emoción súbita al verla en el salón. Alyssa seguía siendo tan hermosa y atractiva como en el pasado, con su larga cabellera color caramelo acariciándole la piel de los hombros y la espalda con suaves bucles, y sus grandes y expresivos ojos castaños clavándose con fijeza y dulzura en los suyos.
Estaba impactado, eso era cierto, pero también, emocionado, nervioso y confundido. Tenía una mezcla de sentimientos en el pecho que lo paralizaba.
¿Ella estaría tan feliz como él por haberse reencontrado?
¿Lograría estar a la altura de la situación para darle lo que necesitaba?
¿Qué hacía aquella mujer tan preciosa, adorable y seductora buscando un terapeuta sexual si ya era una diosa proclamada?
La miró con curiosidad un instante descubriendo su rostro sonrojado por la vergüenza y recordó que en el pasado ella se había comportado de forma temerosa las veces en que estuvieron a solas besándose y tocándose con pasión.
¿Acaso aquel sería el motivo por el que había asistido a ese lugar, para superar ese tipo de temores?
En ese momento la joven giró el rostro hacia él, compartiendo ambos una mirada que parecía gritar ruegos.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Alyssa, ya cansada del silencio.
—Tengo una gran necesidad, como tú —soltó Mike, aumentando la vergüenza de la mujer.
Alyssa pensó que él debía saber lo que ella necesitaba, porque eso lo había hablado con Mina al inscribirse y suponía que la mujer tuvo que habérselo explicado al elegirlo como su tutor.
Los dos fijaron su atención en la vía. El semblante de ella estaba marcado por la turbación y el de él por la rabia.
A Mike lo atormentaron recuerdos del pasado. Alyssa lo había rechazado por ser un tipo de escasos recursos que había logrado estudiar en la universidad gracias a una beca, mientras que ella era una niña rica que tan solo debía estirar su mano para que sus padres le dieran todo lo que quería.
Estuvo con él solo para vivir una experiencia excitante que luego pudiera compartir con sus amistades millonarias.
Mike había sido considerado en la universidad un «chico malo»: el huérfano pobre de mal carácter que se ganaba la vida reparando autos, se dedicaba al boxeo y tenía una moto con la que podía trasladarse.
Solía tener a un cortejo amplio de mujeres tras sus pasos, suspirando arrobadas por su imagen de renegado, pero una vez que lo conocían a fondo y descubrían que tan solo era un idiota que buscaba abrirse paso en la vida, quemándose las pestañas para estudiar y salir adelante, al tiempo que trabajaba para mantener a su hermano rebelde cinco años menor, salían despavoridas.
Ellas querían acción, misterios y peligro, pero solo encontraban soledad, traumas, ira reprimida y mucho cansancio.
Lo que todas habían buscado, fue lo que Alyssa quiso de él y al no conseguirlo se marchó. Tan solo fue una distracción que apenas duró unas semanas antes de que lo volviera el protagonista de sus burlas y desprecios.
Pensó que algo bonito pudo haber salido de esa relación porque la atracción que sintieron el uno por el otro había sido fuerte, aunque solo quedó en anhelos. Ahora se encontraban allí, de nuevo cara a cara, pero en una situación distinta.
Ella necesitaba de él con urgencia y él de ella.
Los dos tenían necesidades grandes que resolver y se habían atrevido a llegar hasta ese campamento para solventar sus asuntos.
¿Serían capaces de seguir adelante sin acobardarse?







