Era evidente que Bruno tenía mucha experiencia. Se manejó con la fluidez de todo un profesional y consiguió que Zoey lo mirara con sensualidad mientras se inclinaba para beber otro sorbo. Sin embargo, su mano traviesa no resistió la tentación de acariciar juguetonamente la pesada longitud por encima de los calzoncillos ajustados.
—¿Quieres jugar con él? —murmuró Bruno con pasión. Casi logró que Zoey renunciara a toda cautela y asintiera rendida, pero ceder con tanta facilidad arruinaría la diver