Por fin llegó la tan esperada fiesta privada de cumpleaños. Zoey llevaba días viendo a Sophie estar como en una nube, con una sonrisa satisfecha que dejaba muy claro lo hábil y apasionado que era aquel profesor de piano.
Pero Zoey no tenía intención de contarle a su mejor amiga que había espiado sus encuentros clandestinos. Sophie se escabullía a casa de él con frecuencia; siempre volvía exhausta y se dejaba caer en la cama, por lo que quedaba claro que la aventura era tan intensa como adictiva.