—Están en mi auto. Anoche no los saqué —respondió. Recordaba con claridad que, apenas estacionó, la llevó en brazos hasta la casa sin darle siquiera un segundo para recoger nada. En cuanto al celular de Zoey, lo tenía escondido porque no soportaba que se comunicara con nadie más.
—¡Ah, cierto! Se me olvidó, je, je... Vamos. —Zoey tomó su bolso con los libros de texto y se acercó a él, pero Bailey cerró la puerta del cuarto antes de que pudiera salir. Ella lo miró confundida.
—Apúrate, por favor.