—Mua... No puedo dejar de probarte... Qué dulce. —La humedad de su centro era tan dulce que le resultaba casi imposible apartarse de su calor.
—B... Bailey... por favor... Ya no aguanto más. —Zoey bajó las caderas y le apretó la cabeza contra su centro; el placer le tensaba el bajo vientre.
Bailey prácticamente hundió la cara en su centro. Su chica se entregaba con tanta pasión que, al apretarse con fuerza contra él, lo dejó sin aliento.
Alzó la cabeza, respiró hondo y se incorporó sobre ella. P