Cuando recuperó el aliento, Zoey trepó sobre Drago. La dejó recostarse en su brazo mientras él jadeaba y su pecho musculoso se agitaba con cada respiración profunda.
¡Pum! ¡Pum!
Al verlo así, le dieron unas ganas tremendas de morderle el pecho para que supiera qué se sentía cuando él la mordía.
—¡Uy! Ah...
—¿Haces esto porque quieres otra ronda? —Drago la miró y sonrió con burla. Luego le agarró las caderas y la hizo bajar hasta apretarla contra su asta. El contacto le reavivó el deseo; notó que