Drago comió con deleite, como si volviera a probar uno de sus sabores favoritos. Lo hizo con tanto apetito que Zoey se rindió primero. Lo observó asombrada; jamás imaginó que dejaría vacíos hasta el último de los platos.
—¿Todavía tienes hambre? —preguntó mientras miraba los platos vacíos y luego a Drago.
—Sí. No había comido nada desde ayer. Además, extrañaba a cierta persona que se fue sin decir nada y hasta se negó a contestar mis llamadas —dijo. Tomó una servilleta para limpiarse la boca y m