Drago se sujetó el miembro con una mano y llevó la punta hasta la entrada mojada de Zoey; luego le bajó las caderas con un movimiento decidido.
Chof... ¡Pum...!
—Ah... ¿no es demasiado? Ah...
Zoey jadeó de placer cuando él la hizo descender de golpe sobre su miembro. Gracias a su humedad, Drago se deslizó dentro de ella sin dificultad. Sin embargo, su descomunal tamaño la dejó exquisitamente llena en cuanto entró hasta el fondo. Su estrecho interior se contrajo a su alrededor. Le costaba recibir