¡Pum... pum... pum...!
El ritmo pesado e incansable de las embestidas de Drago resonaba en la habitación mucho antes de las primeras luces del amanecer. Como había dejado todo listo la noche anterior, al llegar la mañana solo tenía que rematar lo que había empezado. La madrugada era su momento ideal, cuando sus instintos llegaban al apogeo. Renovado por una noche entera de descanso, tenía el miembro rígido y ansioso por comenzar.
Le separó los muslos con suavidad y acomodó su cuerpo poderoso sob