Apartó la sábana que se le pegaba y se encontró totalmente desnudo y la imagen del torso también desprovisto de ropa de Lukyan llegó a su mente. Su exquisita clavícula, la piel blanquecina que necesitaba de rayos del sol para broncearse, el pecho plano pero con pezones regordetes, pero que cabrían perfecto en sus manos para masajearlos hasta estar satisfecho, el abdomen plano, la estrecha cintura...
Se tocó el puente de la nariz y recordó los no muy decentes movimientos que había hecho en su mo