No soy de hierro

Edgar abrió la puerta y salió una hora después. Su semblante mostraba una expresión fría y pálida mientras su ceño estaba dolorosamente fruncido. Se limpiaba las manos con un pañuelo, que por más que quería ocultarlo en la bata que llevaba, los presentes lograron ver algunas gotas de sangre.

Bastian, Falco, Dmitri y por último Lukyan se acercaron hacia él.

-¿Cómo está?- Bastian se soltó del brazo de su esposo y Edgar lo miró.

-¿Cómo están?- Lukyan volvió a repetir la p

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