Lukyan retrocedió un paso para detenerse temblando violentamente. La imagen del alfa ante él lo aterraba, tanto como podía cautivarlo.
El oscuro cabello suelto y alborotado que enmarcaba su rostro perlado en pequeñas gotas de sudor. La camisa desabotonada que se pegaba como una segunda piel, dejando a la vista los músculos definidos de un lobo adulto en la mejor etapa de su vida. Los pantalones holgados que apenas hacían el esfuerzo de ocultar sus torneadas piernas y la ausencia total de zapat