Capítulo 37 Los compensaré
Eugenia salió de su habitación. Su costumbre era vestirse elegantemente para la cena. Con frecuencia su hijo la acompañaba en la cena, a veces también en el almuerzo.
Observó la mesa elegantemente servida, donde se había colocado con esmero varios platillos cuidadosamente preparados y bellamente presentados.
El mantel de lino blanco, los cubiertos de plata y las copas de cristal relucían bajo la suave luz del comedor. Todo estaba perfecto, representaba la opulencia y