3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 8. Un reclamo familiar
3 RAZONES PARA AMAR
CAPÍTULO 8. Un reclamo familiar
Cuando por fin se quedaron solos, el silencio en la habitación se volvió espeso, casi físico, como si se pudiera tocar con las manos. El pitido constante de los monitores parecía marcar el paso de un tiempo que se agotaba, y el olor a desinfectante le provocó a Athena un nudo en el estómago.
Cassian ya se había ido; pero su ausencia no trajo alivio, sino una calma inquietante.
Dorian la observaba desde la cama con una expresión distinta a la de antes. Ya no había reproche ni rabia en su mirada, sino una especie de ansiedad contenida, una urgencia desesperada.
—Ya no necesitas fingir —dijo finalmente, rompiendo el silencio—. Cassian ya no está. —Tragó saliva—. Ahora puedes decir la verdad.
Athena frunció el ceño y cruzó los brazos, como si el gesto pudiera protegerla de lo que estaba a punto de escuchar.
—No sé a qué te refieres —respondió, cansada—. Ya dije todo lo que tenía que decir, papá.
Dorian negó con la cabeza, impaciente, como